Si hay algo negativo en la adaptación a las interfaces táctiles es que estas carecen de una respuesta “táctil” que nos informe específicamente de qué estamos haciendo. No hablo de la vibración háptica presente en las pantallas resistivas, ni del “golpecito” al escribir en un teclado virtual, sino de respuestas que se asocien con todo tipo de acciones, y transmitan, por ejemplo, el movimiento. Ya se está intentando implementar sistemas de este tipo en paneles táctiles, utilizando distintas formas de tecnología, como campos electrostáticos, que añadirían sensación de “rugosidad” creando...
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